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miércoles, 24 de noviembre de 2010

CAMINO DE SANTIAGO III PARTE


Vamos recuperando la normalidad tras los cambios de Párroco y Vicario parroquial. El sábado pasado recibimos la visita de ambos a la catequesis y pudimos comprobar que el grupo de jóvenes es importante para ellos. De ahí que a partir de ahora , el P. Diego acompañará también al grupo y nos dirigirá en la formación. Hicimos un poco de historia del grupo, programamos actividades para el futuro, de la cuales tendremos que profundizar en próximas reuniones.

Hasta que tengamos más novedades hacemos la última entrega de los testimonios: En este caso es Fran el que nos cuenta algunos aspectos del Camino. Con él os dejo.





A la atención de quien corresponda:

He de hacer constar que los consejos y comentarios aquí vertidos se tratan exclusivamente de opiniones personales, no extrapolables ni a mi grupo, ni a mi parroquia, ni a mi diócesis.

Las cosas no se hacen así.

Me parece lamentable tener que escribir este tipo de misiva, pero mucho más lamentable y bochornosa ha sido tanto la preparación, como la organización de la Peregrinación y Encuentro de Jóvenes (PEJ) 2010 por parte del padre Igea. Es imposible relatar el sufrimiento y la desesperación pasados en el camino de Santiago, siendo evitables en gran medida, pero como persona involucrada tanto en la vida parroquial (llevo 8 años en el grupo de jóvenes y desde los 6 en mi parroquia, cuando comencé la catequesis de comunión) como en lo deportivo (soy maestro especializado en Educación física, aficionado al senderismo entre otros deportes y con un curso de “primeros auxilios en la naturaleza”) hablaré de lo terrible que fue mi experiencia.
No sólo por mis estudios, charlando con mis compañeros peregrinos durante la estancia en Santiago, incluso en los mismos días del Camino, no he hallado a nadie contento con dicha organización (después sí claro, siempre quedan los buenos momentos, menos mal que Dios nos hizo así de selectivos para bien). Desde los Scouts, expertos en senderismo y en preparación de este tipo de eventos multitudinarios, hasta los peregrinos más humildes, cuyo primer contacto con el deporte en el medio natural era esta PEJ 2010, ni qué hablar tiene del excelente trabajo que se hizo en la PEJ 2004 que nada tiene que ver con la que hemos realizado hace unos días o de los testimonios vertidos por peregrinos de otras diócesis (Madrid, Andalucía…) que nos contaron su experiencia y pudimos compararlas.

Creo que el principal problema ha sido la falta de asistencia a la organización por parte de personas competentes en la materia. No creo que ningún senderista, aunque sea un iniciado, haya dado su visto bueno a las caminatas de 12 a 5 de la tarde, que se han hecho y se han repetido en 3 de los 5 días de ruta. Es inenarrable la desesperación que puede llegar a causar la más que evidente deshidratación y el calor abrasador de esas horas, que han provocado no pocas quemaduras en la piel y por supuesto: ampollas, fácilmente aplacables si se evitan dichas horas; siempre brotarán, pero no en la cantidad y el tamaño con que han aparecido, debido al más que propicio caldo de cultivo que son unas zapatillas durante 6 ó más horas y sobre asfalto.
Por supuesto, dudo mucho que ningún licenciado o diplomado en educación física y deporte, entrenador, monitor o conocedor de la actividad física en general vea de buen grado la inactividad de la segunda jornada; no es más que propiciar y prolongar las agujetas del primer día por la falta de trabajo. Si la 1ª etapa fue dura (la cuesta del diablo, el primer contacto, andar a mediodía…) y prolongada (unos 40 km., terminar por la tarde…) lo correcto hubiera sido una etapa corta de hasta 15 km. para, gracias al movimiento y el calor de la actividad, paliar y prevenir agujetas, dolores musculares o contracturas.
Me parece vergonzoso que nadie diera una adecuada preparación previa para el caminante, no me extraña que se sucedieran las lesiones ya que en los correos que recibíamos puntualmente desde el obispado, reenviados desde la organización de la PEJ, no se daba suficiente importancia a la preparación física (adjunto el correo, Anexo 1). Nadie explicó lo que había que comer ni cuánto entrenar (tan sólo que se anduviera cada vez más, pero no un plan adecuado), llegué a oír a chavales de unos 17 años que se habían dedicado a comer helado como nutrición y a tumbarse como preparación por la previsión del poco descanso en el camino. Desde luego que su actitud es bochornosa y reprobable, pero tampoco se avisó de comer mucha carne los días de antes para evitar lesiones músculo-esqueléticas, o de que el verdadero almacenamiento de energía para este tipo de ejercicio se realiza por medio de carbohidratos (pastas, arroces…). No habría sobrado, al igual que orábamos todos juntos, estirar a la llegada al destino (si bien no llegábamos a la vez, sí se podían distinguir distintos grupos y hubiera dado tiempo a hacerlo por turnos antes de las duchas).
Del mismo modo ni se mencionó la necesidad de un botiquín mínimo que uno debe llevar para sí mismo (pomada para golpes y torceduras, aguja, hilo y desinfectante) o tener previsión de llevar rodilleras y tobilleras (en su caso) o vendas para ponérselas a la llegada a destino si se ha tenido algún percance, lo cual habría aliviado de mucho trabajo a los sanitarios.
Igual de evidente era la total ausencia de compromiso en el perfilado de horarios, no ha habido cuidado en la selección de las rutas y en sus paradas: 20 km. o más sin fuentes de agua potable, yo puedo cargar con 3 ó 4 litros de agua, pero chicos y chicas de 16 años, algunos de los cuales no pasan los 50 kg. sólo pueden permitirse cargar con (como mucho) 0’50 l. y eso, a partir de las 11 de la mañana, dura 5 km. Una fuente con un caudal único de 2 dedos es útil a un grupo de 10 personas, pero cuando se forman colas de 100 personas (en algunas paradas se formaban) la falta de una buena coordinación vuelve a ser evidente.
Del mismo modo es inconcebible tener unos guías que se fijen más en el GPS que en diseñar rutas seguras, no sólo sin tráfico (menos mal que la guardia civil lo detenía en algunos tramos), si no para los pies; el asfalto es nocivo para las articulaciones y aumenta por mil el riesgo de aparición de ampollas, además de ir infringiendo la ley puesto que nadie avisó de que habría que llevar (ni mucho menos ponerse) el chaleco; al ir menores, no todos conocen esa ley de tráfico. Sorprendente (para mal, cómo no) fue la discusión de nuestros supuestos guías con la benemérita y con miembros de protección civil, puesto que los primeros seguían el dichoso GPS y los otros querían sacarnos a toda costa de la carretera nacional (donde recuerdo, los coches circulan a 100 km/h); gracias a la presión que ejercimos nosotros mismos (los peregrinos) velando por nuestra propia seguridad, logramos ir por camino de tierra. Al igual que al día siguiente, de nuevo protección civil descabezó el grupo, a la altura por donde iba yo, para que nos saliéramos de la carretera y siguiéramos por camino (la cabeza del grupo siguió por el asfalto hasta que volvimos a encontrarnos en un cruce, de tierra).
Las paradas también parecen haber sido seleccionadas al azar ya que si bien unas veces sí se hacían con sombra, por lo general no tenían abastecimiento de agua adecuado, como ya he dicho, pero también se hacían en cualquier lugar: sin sombras (un árbol para 660), sin tiempo para los rezagados (los cuales se hacían 40 km. sin parar a descansar, ni hidratarse, ni a nutrirse), con poca agua o sin ella…llegaron a pararnos a mitad de una cuesta de las duras, que por fuerza nuestra una vez más (ahí iba yo en la cabeza) logramos avanzar hasta un repecho, pero pretendían dejarnos ahí en medio (aún así, la parada no tuvo sombra). Otra parada fue a unos 40 minutos de destino, en la cual muchos decidimos llegar del tirón, porque era ya la 1 de la tarde y nos habrían hecho salir sobre las 2 o así (cada vez más calor). Y la última también es reseñable, en una jornada de (en teoría) 13km. nos pararon en una granja para tomar algo, con el nauseabundo aroma que desprenden las vacas encerradas y con 2 árboles para cubrirnos del sol. Debo reseñar, que (como es lógico en Galicia) habíamos atravesado impresionantes bosques de robles y pinos, pero casi siempre hemos parado en estepas sin sombra y sin agua.

En cuanto a los destinos de cada etapa había importantes problemas de avituallamiento.
Para empezar no había en ningún pueblo sanitarios suficientes, los baños de los bares se atestaban, los vestuarios de los pabellones y en especial los de Oseira (esto me lo han contado porque sólo tenían las chicas) no disponían de bolsas para la basura y (de nuevo actitud reprochable de los peregrinos) la tiraban al suelo, incluyendo tampones y compresas usadas. Las letrinas portátiles eran insuficientes también, puesto que había, como mucho 8. Suponiendo que hay 3 baños para cada sexo en el polideportivo, nos dan 14 baños; un total de 47 personas por baño: más de 20 ya es una cola inaguantable, para tratarse de una necesidad básica.
El tema de las duchas es igual. No había agua caliente para todos, pero el invento de conectar 5 grifos, con una estructura metálica, saliendo de una única manguera para unos 300 chicos es indignante, no puede ser que ellas tengan vestuarios y nosotros tengamos que asearnos al aire libre, con agua helada y vestidos con el bañador. Sumado a la falta de duchas, nos encontramos con sorpresa los primeros días que a los que llegábamos en cabeza nos hacían esperar al resto para coger la maleta y ya ubicarnos y ducharnos, lo que conllevaba importantes pérdidas de tiempo y, de nuevo, unas largas colas para poder asearnos; menos mal que en las últimas (imagino que al escuchar nuestras quejas) se permitió, para aligerar, ducharnos al llegar sin esperar. Ni hablar de la total falta de lavabos, no podíamos ni lavarnos la cara o los dientes, cuanto ni menos llenar las botellas, en previsión de la poca agua en la ruta.
La comida es un caso aparte, si bien había cantidades ingentes de la misma, el aspecto nutritivo queda muy en entredicho; una fruta al día, un plato de vegetales cada 2 o bocadillos con el pan de varios días atrás y 3 lonchas del embutido de turno (por no hablar de cuando nos daban para comer los que sobraban de la cena) son ejemplos de una alimentación completamente equivocada para unos días de tanto rendimiento físico que exigen el máximo aprovechamiento de nutrientes. No ha habido hidratos de carbono adecuados (mucho pan gomoso, que cansa, sólo una vez pasta y otra arroz); las bocas han vuelto plagadas de llagas por el insuficiente aporte de vitaminas (y por supuesto la dificultada para lavarse los dientes) o el poco aporte de proteínas que previnieran lesiones de más gravedad (esguinces o roturas musculares) a raíz de torceduras o golpes y desde luego, las bolsas de patatas fritas de nulo nivel nutritivo, pero sí para llenar el estómago y aportar grasas de lenta asimilación, inútiles para este tipo de ejercicio tan continuado pero sin llegar a ser extenuante en ningún momento.
Desde luego sorprendió cuando nos daban los bocadillos por la mañana, aparte del pan que ya nos lo daban pasado per sei, el bocadillo en la mochila durante caminatas de 40 km. los ponía chorreantes de aceites, calentujos y empeoraba el estado del pan, por lo que al llegar (aunque se cumplía en muchos sentidos “teníamos tanta hambre que nos comíamos las piedras”) muchos decidíamos buscar panaderías, bares o cualquier cosa. Por no hablar del peso extra que suponía en nuestra mochila, que yo, sinceramente, prefería llevarlo en agua. En cualquier manual de lo más básico pone que los alimentos adecuados que hay que llevar son frutos secos, fruta deshidratada, barritas energéticas… siempre cosas que ocupen poco, y tengan alto valor nutritivo (para evitar cargar mucho peso y mucho volumen, que tampoco es cómodo).
Lo que sí fue admirable es la gran idea de repartir frutos secos en lugar de dichas patatas, aunque nuevamente con un pero: llevaban tanta sal que mucha gente prefirió aguantar sin comérselos hasta la tarde (sin andar ya) antes que pasar sed por la poca agua de la que disponíamos.
Por último, respecto a la alimentación, llama especialmente la atención la casi completa ausencia de fibra, lo que provocó que en los primeros días, todas las farmacias de Orense y provincia se quedaran faltas de existencias de laxantes suaves y facilitadotes del tránsito, ante la imposibilidad fisiológica de gran número de peregrinos para evacuar. A lo mejor estaba todo pensado por la organización, para hacer frente a la poca previsión en el número de letrinas.
Lo cierto es que, comparando con peregrinos de 2004, aunque nosotros tuvimos mucha más cantidad, ellos tuvieron una dieta mucho más sana y completa: tenían raciones de ensalada cada día, comidas de verdad, no todo a base de bocadillos, la empresa del catering disponía de microondas para calentarse las merenderas con cocidos, arroces, etc., fruta y frutos secos para el camino, no paseaban los bocadillos para terminar de hacerlos asquerosos. Se repartía la comida en el momento de consumirla, con lo cual estaba en su punto (por supuesto, teniendo en cuenta que al preparar para tantos, nunca sale como para 5 ó 6).
El tema de la sanidad sé que era competencia de mi diócesis, al igual que el de la logística del tráiler con las maletas, así que de igual manera voy a tratar de contar los errores cometidos. No sé si hubo directrices desde la organización o se hizo completamente libre para actuar a nuestra diócesis de Albacete.
Es injusto para el médico y la enfermera servir a 660 personas. Para empezar había muchos más repartidos por las diferentes diócesis, médicos no lo sé, pero enfermeras sí porque mi novia se sumó a las curas desde el primer día y para el último había varias de ellas por allí alrededor, que tanto ella como la responsable supieron de su oficio y de su falta de solidaridad para ayudar. De la misma manera sé que la conferencia episcopal (CEE) iba a contratar a un médico para acompañarnos (no sé si en la furgoneta o a pie) y hacerse responsable de las lesiones, sin embargo decidieron delegar responsabilidades y ahorrarse el dinero (no sé donde lo invertirían, en duchas y agua no), cargando el trabajo a un peregrino, me imagino que no volverá a repetir la experiencia en esas condiciones, puesto que le pedían ayuda incluso durante las ceremonias de la eucaristía.
Con la logística de las maletas lo mismo, no sé si la CEE le dio algunas directrices a nuestra diócesis para cargar y descargar el tráiler; pero se ha venido a hacer el camino, es completamente injusto que alguien (elegido a dedo) se pierda kilómetros de marcha por hacer este trabajo, teniendo tanto tiempo. Cuando el responsable de mi diócesis nos pidió a mi grupo si podíamos por favor hacerlo, yo le respondí que a mí no me importaba hacer ese trabajo, pero que lo haría durante los laudes y no durante la marcha; al final ese día no me tocó, pero luego en Silleda, cuando no hubo posibilidad de meter el camión al patio donde había que descargar, yo me uní a la cadena descargando el camión entero, todo mucho más organizado y ameno que si sólo se ponen 5 personas (no sé porqué no se repitió este modelo, aunque es verdad que algunos se quitaban cuando cogían su macuto). Y lo que fue ridículo es cuando pretendían que otro grupo no entrara por la plaza del Obradoiro, con lo emocionantísimo que fue aquel momento; durante un par de horas nadie tenía sed, a nadie le dolía nada ni tenía ampollas; menos mal que hasta Dixon se puso de nuestro lado y a fuerza de presión y protestas, se hicieron las cosas bien y entramos juntos.

Por último, un tema del que no pensé que tuviera que hablar; ya que igual que un médico se dedica a curar y un maestro a enseñar, un sacerdote (entre otras muchas cosas) se dedica a orar. No pensé que tendría que quejarme de algo a lo que se dedica básicamente la organización, y es que no hay ningún fundamento que justifique unas 5 horas diarias entre oraciones, catequesis y eucaristías. Sé a lo que venía y veo correcto que los días de descanso se prolonguen más las misas y las oraciones, pero los días de marcha es una tontería hacer unas completas de 50 minutos o más, y recalco tontería porque no he visto a más gente dormirse en una oración en mi vida (el primer día de Oseira, tras casi 40 km. de marcha): dormir no es orar y nadie teníamos el cuerpo para dicho cometido, antes bien, se comete un error gordísimo, ya que es contraproducente para muchos de los que venían con nosotros, que no disfrutan de una vida parroquial tan activa como otros, deciden que los han sobrecargado y no vuelven a su misa dominical. Al igual que los laudes, es ilógico hacerlos de 50 minutos antes de la marcha porque se pierden horas de fresco para caminar. Tampoco es lógico hacer misas de hora y media los días de marcha, si lo primero que se enseña en didácticas, pedagogías, oratorias…es que la atención no se puede mantener más de unos 50 minutos, homilías de 45 y junto al resto de la celebración se traduce en una falta de espiritualidad personal y colectiva que hacen que al rato de desconectar sólo se piense en el momento del “podéis ir en paz” y no en el de “demos gracias al Señor”.
En cuanto a las avisos (como llamábamos a las 2 chicas del megáfono que nos daban los avisos), he de decir que si bien todo el que llevaba el chaleco naranja perdió el respeto de gran parte de nosotros (guías que no saben el camino, organizadores que no controlan…) las avisos se ganaron el odio generalizado. Por chillar más alto no se lleva la razón y esto no es un campamento de adolescentes, es una peregrinación de jóvenes: o somos mayores de edad o son menores y llevan a sus propios responsables; por lo tanto su actitud se extralimitaba con respecto a lo que debía ser su función. Se dieron gritos con el megáfono en las duchas, a medio metro de los peregrinos y enervaron a todos debido a su total falta de respeto. Así, si estoy bajo la ducha o secándome y soy consciente de que la misa empieza ya, por vociferarme al oído no voy a aparecer en el templo a tiempo, así que su función debería ser informar y no exasperar los nervios de cada uno, tratando de controlarnos como a chiquillos.
Llegó a darse el caso de una pareja besándose y ellas dando lecciones morales; creo que estaba completamente fuera de lugar la frase “los besos conducen al sexo y el sexo os aleja de Dios”; para empezar los besos no conducen por obligación al sexo (todo lo que hablo de este tema, ha sido después de consultarlo con seminaristas y sacerdotes), los besos son una muestra de cariño por la otra persona, al igual que la oración es una muestra de cariño por Dios y para continuar, si el sexo nos alejara del Altísimo, la especie humana se habría extinguido hace tiempo, lo que hay que hacer (siempre según La Iglesia) es elegir a la persona y el momento adecuado para celebrar el Santo Matrimonio y después entregarse; lo que nos aleja de Dios es la promiscuidad, que no es lo mismo que la sexualidad cristiana. Por lo tanto, creo que este tipo de cuestiones deberían dejárselas a las autoridades competentes en las mismas, más de 30 sacerdotes y otros tantos seminaristas y religiosas que nos acompañaban, aunque también deberían aclarar, sobre todo para los que vamos parejas en la PEJ, si está prohibido o no darse muestras de afecto.

Hasta aquí mi apartado crítico, desde luego ni pienso, ni pretendo sugerir que se haya hecho a mala fe pero como la experiencia es un grado, espero que esto sirva para ello y así mejorar en las próximas peregrinaciones y encuentros de este tipo (recuerdo y subrayo que no son lo mismo unas convivencias o unos ejercicios espirituales que una peregrinación). Desde mi humilde punto de vista voy a ofrecer una serie de consejos y sugerencias que, por el bien de próximos peregrinos, espero sean tomadas en cuenta. No se trata de nada que alguien remotamente relacionado con el deporte en general y al aire libre en particular como yo, no conozca pero confío (como ya he dicho) que sirvan de ayuda. No obstante hay gente y grupos (scouts católicos, marianistas, etc.) mucho más preparada y acostumbrada que yo a realizar este tipo de eventos multitudinarios, por supuesto no voy ya a referirme a la extensísima bibliografía y webgrafía disponible sobre el tema: al ver la poca información que recibíamos sobre seguridad, yo mismo elaboré una selección de páginas web donde explicaban cosas como prevención de ampollas, su limpieza y vaciado o consejos sobre la marcha (la adjunto en el correo, Anexo 2).
Creo que para empezar habría que saber admitir los errores desde el departamento de Juventud de la CEE, si bien se gratifica el gesto de agradecimiento y perdón en forma de mail que hemos recibido de Dixon y de la Delegación de Juventud de Albacete, la total falta de humildad y de valor para responsabilizarse y pedir perdón del Padre Igea, se podía adivinar debido a que, si bien los errores que fuimos subsanando sobre la marcha se superaban, luego no había arrepentimiento y admisión en la culpa de dichos errores, por lo que tampoco iba a haber ningún acto de enmienda de cara a los peregrinos.
Tampoco habría sobrado un poco de asesoramiento y de formación previa para prepararlo, que siempre son necesarias al igual que para cocinar buscamos consejos de la abuela y recetas. Alguna charla donde se conciencie y prepare a los peregrinos, no sólo donde se informe de los horarios y alojamientos, habría sido muy adecuada.
Del mismo modo, creo que es fundamental que la organización se haga la ruta con moto o quad para medir exactamente el kilometraje, la dureza de las cuestas y etapas, tratar de seleccionar las paradas en los lugares óptimos (de temperatura, sombra, comodidad, hidratación…) y, si es necesario, para repartir botellines de agua, del mismo modo que puede hacerse dicho trabajo desde el coche escoba cada 15 ó 20 km. y en las horas de más calor. Por supuesto, la selección y comprobación de las rutas y distancias (teniendo en cuenta que si una etapa tiene una cuesta de 5km al 9%, hay que procurar no extenderla hasta los 40 km. y que la siguiente sea corta y fácil) debe servir también para escoger las más seguras, evitando en la medida de lo posible los núcleos urbanos con más tráfico, así como el asfalto (en especial las carreteras nacionales…) así como para seleccionar y precisar las horas de marcha, para poder elegir adecuadamente la hora de salida y evitar caminar de 12 a 6 de la tarde.
Igualmente creo que, si bien los destinos de etapa (Oseira, Lalín, Silleda…) estaban bien escogidos en general por su infraestructura, no estaban bien acondicionados, mayor previsión de sanitarios y duchas, y sobre todo de sitio a cubierto para dormir. No es concebible preparar alojamiento para 500 siendo 660, hay que preparar mínimo para 700, se abre el templo (como se hizo), se habla con el ayuntamiento para que además del pabellón preste el colegio, con el sacerdote que seguro que hay casa parroquial… pero es indignante tener que acabar al raso, y en el caso de que sea imposible de verdad dormir bajo techo, al menos avisar de coger ropa de abrigo para albergar la posibilidad de usarla durante la noche. Tampoco creo que en un pabellón mixto lo fundamental sea separar chicos y chicas y no estructurarnos organizadamente para sacar el máximo rendimiento al poco espacio disponible, después del fracaso de Silleda, para Lestedo se pudo ver al Scouter explicando tanto al padre Igea como a las avisos la correcta manera para optimizar el espacio del pabellón disponible y que cupiéramos todos organizadamente (espero que ya lo sepan para siguientes eventos). También se sabe, debido a que en su momento presionamos para hacer las cosas bien, que el coche escoba sirve para repartir los macutos gordos cuando el grupo se separa en varios alojamientos (nos pasó en Santiago cuando los de Albacete nos fuimos a otro instituto).
Así pues, si se disponen de pocas duchas y menos agua caliente, es fundamental establecer turnos para no acabar duchándonos al aire libre por el mero hecho de ser chicos. Si la discriminación positiva está acabando con la igualdad, creo que no debemos repetir los errores que nos marcan desde el momento en que al “otro” se lo ponen más fácil. Si debe haber turnos que los haya, pero tampoco es lógico que los chicos estemos todos duchados en 2 horas y las chicas tarden 6, 7 y muchas tengan que terminar después de cenar.
Sobre la sanidad hay 2 cuestiones fundamentales: si se trata de peregrinos voluntarios o médicos y enfermeras contratados. En el primer caso, qué menos que, por deferencia, pagarles el viaje (un médico contratado seguramente costaría cuatro veces más). Y desde luego, si se trata de voluntariado, que cada diócesis aporte el mayor número posible (al menos enfermeras y socorristas, gente que sepamos primeros auxilios), aunque luego fuera una diócesis la encargada de coordinarlos a todos (igual que en las misas multitudinarias hay varios sacerdotes para comulgar repartidos por todo el templo, para dolencias multitudinarias sanadores por todo el pabellón). Lo ideal sería un médico cada 200 personas y una enfermera (socorrista, etc.) cada 70 personas. Dejando claro que el médico es para lesiones serias (esguinces, deshidrataciones, enfermedades…) y no para dolores musculares, toses o ampollas. Si por cualquier causa no se alcanzara esa ratio (1/250 y 1/70), deberían ser contratados, al menos en proporciones 1/350 y 1/100 (o fracción).
En cuanto a la logística, ya demostramos en su día que había un sistema más rápido y efectivo (siempre que no hubiera egoístas que al coger su macuto se quitaran de la cadena, hubo quien lo hizo, pero otros dejábamos nuestros macutos detrás de nosotros y terminábamos de descargar). No entiendo la necesidad de perderse kilómetros de marcha, pudiendo hacerlo en cadena entre muchos en 20 minutos, y no entre pocos todos los macutos que tardaban hora y pico; pienso que de nuevo hay un poco de falta de humildad y de saber reconocer los errores propios, ya que se volvió al sistema anterior una vez que en Lestedo pudo acceder el camión al polideportivo.
Por último, en cuanto a las celebraciones y los avisos, no creo que haya mucho más que decir aparte de que hay que tener en cuenta que se trata de una peregrinación y no unas convivencias. Todos sabemos que está organizado por la CEE pero el hecho de que sean más largas, no creo que implique mayor espiritualidad, al contrario, es contraproducente porque la gente desconectábamos, no ya de las palabras del sacerdote sino de nuestra oración interior, porque el propio cuerpo no respondía. Sólo eso, tener en cuenta que es una peregrinación, comparando con gente que estuvo en 2004, ni había eucaristía diaria (en eso hay opiniones para todo, yo creo que está bien, siempre que no se sobresature y supere los 45 minutos), ni las oraciones se extralimitaban con su duración, eran de 10 minutos y se caminaba o se acostaba uno.

En definitiva, creo que todo se reduce a una falta de asesoramiento y de buena preparación. Desde luego no entiendo porque no se contó con los que prepararon la PEJ anterior, o incluso con gente nueva, pero entendidos en la materia.
Desde mi humilde punto de vista como aficionado, me ofrezco para asesorar a mi diócesis o a quien haga falta, eso sí que no cuenten conmigo para ningún evento más mientras no cambien las cosas, y siempre con toda la información antes del evento, si hay que dormir al raso debe saberse y arroparse adecuadamente. Desde luego, el responsable último debe ser el organizador desde su asiento como presidente del departamento de Juventud de la CEE, pero ha quedado patente que debe buscar a gente entendida (no hablemos ya de profesionales o semiprofesionales) e incluso formarse mediante tantísimos medios de información y comunicación como hay.

Gracias por su atención.

Cordialmente,
Francisco Javier Belmonte Guijarro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tengo que decir que acabo de releer mi escrito y me reafirmo en lo de que al final siempre quedan los buenos momentos. Realmente es lo que más recuerdo ahora mismo; lo cual no quita que no sienta todo lo que ocurrió y todo lo que pasamos, porque gracias a que lo escribí rememoro esa situación.

Por otra parte, y ya que viene el Padre Igea este fin de semana, trataré de escaparme, aunque sea a comer, el rato libre que me quede para tratar de dar la cara ya que lo primero que intentó es venir para que se lo dijera a la cara, lo cual no tengo ningún problema y desearía hacerlo, de hecho, lo cité para este fin de semana, sin siquiera pensar que estaría haciéndome socorrista...Pero se intentará.

Belmonte.